Quiero compartirla desde aquí, mi rincón más personal, entre mis letras y estas cajas de colores llenas de recuerdos, aromas y sensaciones.
Barcelona, aun es invierno.
Hoy decidí hacer un alto en el
camino, detenerme a ver el mar, ese tan azul que tantas veces te he descrito.
Decidí vaciarme un poco, o quizás completamente en medio de un día soleado,
dejándome llover en blanco y negro, como esta carta que no sé si algún día
enviaré.
Antes sentía que nos llenábamos a
tropel, entre palabras escritas que cambiaban los kilómetros por milímetros,
los días por minutos, muchas veces imperceptibles. Ahora te siento tan medido, tan pausado. Pero sigues allí, metido
tozudamente entre mis letras, llenando los espacios de esta distancia absurda,
entre esta "muchedad" que me desborda con la que me tropiezo por
segundos.
Quiero contarte que para mí
contigo siempre llega el otoño, con las hojas que caen en ese baile sinuoso con
el viento para luego crear la música del crujido, entre la lluvia y el frío que
se cuela por las rendijas. Estás en esa música que suena de fondo, que solo
escuchamos tú y yo, como al inicio de todo, cuando recorríamos nuestras vidas
como historias mojadas en té, en un juego donde la imaginación era nuestra
cómplice y las palabras nuestro secreto.
Y es que deseo que sepas que me
quedé ese martes, detenida en el tiempo, entre el azul del cielo, el calor del
Mediterráneo, pero con un frío terrible que se apoderó de mí, de mi vida, de mi
cuerpo.
Vuelvo a mirar el mar y siento
que quiero decirte tanto, pero me he percatado que se resume en dos palabras: Te espero.
De esta forma absurda, en el día
o a la mitad de la noche, con esta memoria plagada de recuerdos. Como si
llegaras en las gotas de lluvia, en el aire que golpea mi ventana, o en el eco
de mis pensamientos que apenas se escuchan.
Quiero que sepas que Te espero en cada uno de mis sueños que
se llenan de sonrisas. Te espero en
mi amanecer, en el saludo, en la mirada cargada de sensaciones. Te espero en los sueños nunca dichos, entre
susurros plenos de confidencias apenas audibles por el deseo. Como eternos
cómplices teñidos de clarobscuro.
Camino y te siento conmigo, porque
solo así te concibo, me apoyo en tí, comparto ese café a media tarde, comentamos
la vida, de todo y de nada, ¿recuerdas?.
Me cuentas, te escucho, te miro
como quien descubre un tesoro escondido. Y te admiro, tan tuyo, tan mío, tan
distinto, mi amor bonito. Estás en cada minuto, en cada instante de mi vida.
Aunque los mensajes queden en blanco y las llamadas en espera.
Con la lluvia en este día soleado
deseo que sepas que Te espero. Te
río, te lloro, te siento, Te espero. En
este vértigo infinito de amarte sin cortapisas.
Te espero, desde mi siempre y hasta mi nunca. En ese mañana que se
difumina, o aquel día que se ilumina indiscreto, sin relojes y sin prisas.
Te espero entre la danza en vigilia, tejido en el insomnio, en las
palabras de un libro.
Solo pido que me recuerdes en esa
palabra no dicha, en esa brisa que recorre tu piel, recuérdame en el camino,
ese en el que nos hemos cruzado para dejarnos enteros, como un tatuaje en la
piel del alma.
Y es que Te espero. Larga, lenta y obstinadamente, Te espero.
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